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Susúrrame “te quiero” al oído y márchate después sin decir adiós.

La psicopatía se convirtió en nuestro mayor vicio, y nuestra peor virtud.

Más.

Tan triste como recordar tu voz y retener el aliento,tan verdadero como la lagrimita que aparece cuando recuerdo el invierno​.

Paso páginas de un calendario roto y me reconstruyo poco a poco. Lo peor es cuando me doy  cuenta  de que no quiero primavera sin ti.

Fragmento de un reproche.

No quiero gritar a los cuatro vientos. No, no quiero gritar a los cuatro vientos que tu nombre inunda mi pecho. Quiero encerrarme en tus brazos y susurrarte al oído, quiero arroparte los miedos y besar cada cicatriz de tu espalda. Te echo de menos hasta cuando estás conmigo. Quiero y no quiero gritar, y quiero y no quiero querer.Qué razón tenía el dichoso trabalenguas, si te quise sin querer ¿porqué no puedo dejar de hacerlo?¿De dónde has salido? ¿Porqué yo?

Espero o te espero.

Mensajes.

Me siento.Cruzo las piernas.Carraspeo. Arrastro la silla y me asusta el ruido.

Tamborilean mis dedos contra la madera. Me desespera el ruido Abandono y me levanto.

Recorro el pasillo y me siento en el sofá. El teléfono reposa a unos centímetros y siento el latir de mis pulsaciones en la garganta.Trago saliva. Necesito agua.

Camino hasta la cocina pero soy incapaz de beber más de un sorbo.

Regreso al salón. Las pulsaciones son cada vez más fuertes. Más rápidas. Me sudan las manos.

Sujeto el teléfono con cuidado. En ese momento es el objeto más delicado que conozco.

Pulso el botón de encendido y se ilumina la pantalla.

No hay mensajes.

Respiro.

Semanas.

Llevo semanas queriendo gritar cuando salgo a la calle. Llevo semanas escuchando tu nombre en mi cabeza otra vez.Llevo semanas recordando tu aliento en mi espalda y llevo semanas buscándote en una selva vacía.

¿Qué hacemos mientras nos perdemos?

No vuelvas, por favor.

No vuelvas, por favor, no vuelvas. Mi incoherencia y tu indecisión. Unidas de nuevo.

Mi falta de voluntad y las noches que todavía pienso en ti cuando me asomo al balcón y hace frío. No vuelvas, reitero en mi cabeza a modo de suplica y no de orden.

Odio la sumisión, pero parece que me he rendido ante un dios en el que no creo. ¿Se puede necesitar a alguien tanto que te falta el aliento? Se acabó. Tengo que olvidar esta adicción corrosiva que me une a ti.

Siento dividirme en dos y quiero vomitar del pecho que una vida a tu lado se me hace corta.Por favor, no vuelvas.Yo no tengo valor para alejarme, pero espero tener fuerzas para reconstruirme si te vas.

Enciendo un cigarrillo, y otro más, como decía Sabina en aquella canción que arrinconé para para las tardes de Domingo.

Me doy asco pues me descubro in fraganti,de madrugada y sentada en la cocina mirando al vacío, esperándote, sin más. Ya ni si quiera puedo escuchar música sin recordarnos bailar.

No, por favor.No vuelvas. La primavera me ayuda a volver a sonreír y ya casi no recuerdo tu nombre.

Voy a olvidarte. Sólo un paso más.

El timbre.

Trago saliva e inevitablemente te abro la puerta. Has vuelto.

Límites.

Me pregunto si el sufrimiento sirve de algo.

No quedan caminos.

Soy todo lo que un día odié. Hipocresía y barbarie. Sangre.

¿Cuál es límite?¿Qué es el bien?

¿Mi moral?

¿Nos conduce a alguna parte esta peligrosa danza de la muerte o simplemente damos vueltas alrededor de una maquiavélica herramienta de tortura?

Desconozco las normas del juego pero aun así me envuelve y enreda, poseída por sus notas más oscuras.

Ansío libertad.

Dos relojes suenan a contratiempo. Desespero.

Tiempo.

Si algo he aprendido este año, es que el tiempo corre y no perdona.

Si no existimos, no hay lugar, espacio, ni realidad podemos  asegurar. Pero por otro lado, si existe mi pensamiento, también puedo asegurar que entonces, existes tú y por ende, el tiempo.

Vuela y no regresa. ¿Dónde van los minutos que perdemos desviando la mirada?

Cierra los ojos.Tiempo y espacio.Quédate.

Recorre mis venas algo que no es sangre. Tinta, rabia, sudor. Quédate.

¿Dónde están los abrazos heridos de muerte? Regresa con tu llanto de amapola para aliviarme la sed.