Felicidad.

Creo que la felicidad es un estado espiritual que consiste en el desprendimiento de lo material en último grado. Poseído por la impronta consumista, nuestro estilo de vida e incluso nuestro pensamiento, se ha convertido en un obstáculo a la hora de alcanzar la paz interior. Desear,comprar,vender,presumir,envidiar…¿realmente sirve de algo? ¿Enriquece a mi persona alguna de estas actividades? Vivir con lo puesto, sin recolectar más piedras, que en el camino ya habrá bastantes.

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Oniria.

No entiendo porqué. Creía que todo esto era parte de un pasado muy lejano ya. Sin darme a penas cuenta he terminado por sumergirme en un bucle de sueño sin fin. Oniria y pensamientos inconexos. ¿Qué ha cambiado?

El verano lo destruye todo.Lo destruyo todo.Rojo.Atilo.

No encuentro nada porque quizá no estoy buscando nada, ni si quiera a mi misma. Soy un mar de dudas y de ira. Rabia por lo que no fue. Rabia por lo que es. Hija de la soledad,el dolor y la ignorancia.

Suenan cigarras a lo lejos y me cuesta respirar. Me invade un calor aplastante que no permite la lucidez. Me despierto de madrugada empapada en sudor frío, no recuerdo mi última pesadilla. No quiero salir.

Tengo sed. Pero no queda agua en este vasto desierto de sentimientos incapaces

Madrugada de verano.

En verano parece que el tiempo se ralentiza. El segundero del reloj cambia su ritmo y ni si quiera los frenéticos pasos de cebra del centro a las siete de la mañana son los mismos. Siempre me ha fascinado esa sensacion. No porque me guste. Creo que en realidad la amo y la odio a partes iguales.

Me gusta salir a la terraza en las noches de Julio. Me gusta pasar simplemente el rato ahí, de madrugada, semidormida, sentada en la vieja silla de forja de mamá y cerrar los ojos mientras escucho hablar a los últimos grupos de chicos y chicas que salen de fiesta. A veces incluso, hay alguien paseando a su perro o alguna pareja que regresa del cine.Sólo entonces enciendo un cigarrillo.

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Susúrrame “te quiero” al oído y márchate después sin decir adiós.

La psicopatía se convirtió en nuestro mayor vicio, y nuestra peor virtud.

Más.

Tan triste como recordar tu voz y retener el aliento,tan verdadero como la lagrimita que aparece cuando recuerdo el invierno​.

Paso páginas de un calendario roto y me reconstruyo poco a poco. Lo peor es cuando me doy  cuenta  de que no quiero primavera sin ti.

Fragmento de un reproche.

No quiero gritar a los cuatro vientos. No, no quiero gritar a los cuatro vientos que tu nombre inunda mi pecho. Quiero encerrarme en tus brazos y susurrarte al oído, quiero arroparte los miedos y besar cada cicatriz de tu espalda. Te echo de menos hasta cuando estás conmigo. Quiero y no quiero gritar, y quiero y no quiero querer.Qué razón tenía el dichoso trabalenguas, si te quise sin querer ¿porqué no puedo dejar de hacerlo?¿De dónde has salido? ¿Porqué yo?

Espero o te espero.

Mensajes.

Me siento.Cruzo las piernas.Carraspeo. Arrastro la silla y me asusta el ruido.

Tamborilean mis dedos contra la madera. Me desespera el ruido Abandono y me levanto.

Recorro el pasillo y me siento en el sofá. El teléfono reposa a unos centímetros y siento el latir de mis pulsaciones en la garganta.Trago saliva. Necesito agua.

Camino hasta la cocina pero soy incapaz de beber más de un sorbo.

Regreso al salón. Las pulsaciones son cada vez más fuertes. Más rápidas. Me sudan las manos.

Sujeto el teléfono con cuidado. En ese momento es el objeto más delicado que conozco.

Pulso el botón de encendido y se ilumina la pantalla.

No hay mensajes.

Respiro.

Semanas.

Llevo semanas queriendo gritar cuando salgo a la calle. Llevo semanas escuchando tu nombre en mi cabeza otra vez.Llevo semanas recordando tu aliento en mi espalda y llevo semanas buscándote en una selva vacía.

¿Qué hacemos mientras nos perdemos?

No vuelvas, por favor.

No vuelvas, por favor, no vuelvas. Mi incoherencia y tu indecisión. Unidas de nuevo.

Mi falta de voluntad y las noches que todavía pienso en ti cuando me asomo al balcón y hace frío. No vuelvas, reitero en mi cabeza a modo de suplica y no de orden.

Odio la sumisión, pero parece que me he rendido ante un dios en el que no creo. ¿Se puede necesitar a alguien tanto que te falta el aliento? Se acabó. Tengo que olvidar esta adicción corrosiva que me une a ti.

Siento dividirme en dos y quiero vomitar del pecho que una vida a tu lado se me hace corta.Por favor, no vuelvas.Yo no tengo valor para alejarme, pero espero tener fuerzas para reconstruirme si te vas.

Enciendo un cigarrillo, y otro más, como decía Sabina en aquella canción que arrinconé para para las tardes de Domingo.

Me doy asco pues me descubro in fraganti,de madrugada y sentada en la cocina mirando al vacío, esperándote, sin más. Ya ni si quiera puedo escuchar música sin recordarnos bailar.

No, por favor.No vuelvas. La primavera me ayuda a volver a sonreír y ya casi no recuerdo tu nombre.

Voy a olvidarte. Sólo un paso más.

El timbre.

Trago saliva e inevitablemente te abro la puerta. Has vuelto.

Límites.

Me pregunto si el sufrimiento sirve de algo.

No quedan caminos.

Soy todo lo que un día odié. Hipocresía y barbarie. Sangre.

¿Cuál es límite?¿Qué es el bien?

¿Mi moral?

¿Nos conduce a alguna parte esta peligrosa danza de la muerte o simplemente damos vueltas alrededor de una maquiavélica herramienta de tortura?

Desconozco las normas del juego pero aun así me envuelve y enreda, poseída por sus notas más oscuras.

Ansío libertad.

Dos relojes suenan a contratiempo. Desespero.